Concentración del sistema financiero ecuatoriano

Por: Alex Alcívar Viteri, MBA El Ecuador tiene uno de los sistemas financieros más concentrados de Latinoamérica, lo que quiere decir que el mercado financiero es controlado por pocos bancos. Esta situación conlleva otra serie de consideraciones de carácter político y social, pues el equilibrio de poder en el Ecuador hace rato se rompió, al perder Guayaquil –por diversas razones financieras, gerenciales, políticas y hasta climáticas- la supremacía económica y bancaria hoy ejercida desde Quito. Sin embargo, el problema real para el ecuatoriano común es la concentración centralista de los créditos, pues mientras un costeño tiene en promedio un crédito superior a los USD. 300, un serrano tiene unos USD. 500, mientras el amazónico no llega a los USD. 90 y el insular no llega a los USD. 40. 

La concentración bancaria también ha estado acompañada de una gran centralización de créditos, dado que el monto concedido es muy superior en Pichincha y Guayas, donde por ejemplo, el crédito total  supera los USD. 2.000 millones en Pichincha y en Guayas, supera los USD. 1.600 millones. Azuay, supera USD. 300 millones y Manabí, apenas llega a USD. 140 millones (USD. 100 dólares per cápita), cifras que no cuadran con demografía nacional y ni hablar de las anomalías y desigualdad que afectan a otras provincias que prácticamente no son atendidas por la banca. Si en Manabí hay USD. 140 millones de dólares en crédito, cerca de USD. 100 millones son operaciones de consumo (no productivas), principalmente ubicadas en Manta y Portoviejo (en ese orden), lo cual es dramáticamente inferior a los cerca de USD. 1.000 millones de crédito de consumo colocados solamente en Pichincha y Guayas. En términos del peso económico de las ciudades más grandes, y aunque alguno de mis amigos guayaquileños se ofenda, también habría que preguntarse cual es la ciudad más comercial del Ecuador, pues el crédito en ese rubro se concentra en aproximadamente un 45% en Quito y Guayaquil apenas llega al 31%, lo que quiere decir que por cada USD. 100 dólares de crédito comercial concedidos en Quito, apenas USD. 72 se conceden en Guayaquil, lo que explica la patente recesión en esa ciudad. Volviendo al crédito comercial, Manabí no llega al 4% del total nacional y es ampliamente superado Azuay (8%).  

En cuanto a otros sectores atendidos por
la Banca ecuatoriana, como la producción, microcrédito y vivienda, las cifras e inequidades son todavía más dramáticas, sobretodo en las provincias marginadas. Otros países del mundo han implementado regulaciones para corregir estas anormalidades, incluyendo los Estados Unidos.
  Es urgente que el Estado incentive la inversión bancaria extranjera en uno de los pocos sectores que crece más que el promedio de la economía (lo que aparte de ilógico, es ridículo), pero que tiene asimetrías que profundizan las amplias brechas de desarrollo entre las provincias grandes y pequeñas. La entrada de nuevos actores en el mercado financiero, al aumentar la competencia podría –posiblemente- presionar a la banca ecuatoriana a mejorar sus indicadores de eficiencia y reducir el costo neto del dinero (no solamente las tasas de interés, sino comisiones y tasas por servicios). Proyectos de Ley como el de Rehabilitación dela Producción Nacional del Partido Social Cristiano en el Congreso, si bien tiene importantes fallas a corregir y ha sido valioso para poner el tema a discusión, tampoco es completamente negativo y podría ser interpretado como un “grito de independencia” geopolítico-económico de un Guayaquil luchando por recuperar su “espacio vital”, amenazado ahora por la concesión del puerto de Manta, evento que bien manejado y con medidas colaterales urgentes, debe ser un detonador de nuestro desarrollo provincial.

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