Ecuador, ¿Estado Terrorista? Por Alex Alcívar Viteri
Aunque parezca exagerado, creo que la situación política de la última década en el Ecuador debería preocupar más a
la ONU,
la OEA y por supuesto al Departamento de Estado norteamericano. Veamos, tenemos un país que hace diez años no logra terminar uno de sus períodos constitucionales, en donde el Golpe de Estado y la conspiración son permanentes y cuyos débiles gobiernos –todos de corte populista – se dedican a vivir un día a día en el cual, el “largo plazo” a lo mucho son las dos semanas venideras. No es un chiste que el Ecuador haya tenido 9 Presidentes en 10 años y que sus altos funcionarios roten cada tres o cuatro meses.
La decadencia del sistema político ecuatoriano, acentuada por el declive de sus Partidos Políticos, ha hecho que los ecuatorianos no crean en la democracia y que se piense en sistemas alternativos que son aprovechados por oportunistas que de manera mesiánica, ofrecen otro mundo en un santiamén. La decadencia de los sistemas políticos ha sido aprovechada de diversas formas a través de
la Historia de Latinoamérica, pues basta recordar la etapa de dictaduras que vivió la región, unas más sanguinarias que otras.
Lo anterior, nos lleva a algo más impactante, pues en todos los sectores se comenta que los males de Latinoamérica son “altamente contagiosos”. Entonces, ¿Cuál será el grado de responsabilidad del Ecuador en la crisis política que vive Bolivia? (Levantamiento indígena, salida del Presidente, Asamblea Constituyente y autonomías, ¡suena familiar!) ¿Podríamos culpar en algo al Ecuador de la primera victoria electoral de Hugo Chávez? (luego de
la Victoria de Bucaram en 1996) ¿Acaso la persecución a ex Presidentes ecuatorianos marcó la suerte del Ex Secretario de
la OEA, el costarricense Rodríguez y del ex presidente guatemalteco Portillo, acusados de corrupción? (luego de la persecución a Mahuad, Bucaram y Dahik, por presunta corrupción pero con ribetes de política).
Pasando a latitudes más cercanas todavía y ubicándonos en el año 2000 (cuando otro Golpe de Estado sacudió a Ecuador), ¿Podríamos responsabilizar al fenómeno ecuatoriano de “votar por cualquiera” como uno de los muchos factores que llevaron al bipartidismo colombiano a sucumbir frente a Uribe? o ¿acaso fue uno de los factores que abonaron para la salida de Fujimori?, ¿acaso el ejemplo de inestabilidad ecuatoriana marcó la permanente zozobra que vivió el ex presidente peruano Toledo? ¿Acaso la persecución política que vivió Alan García no fue una copia de las “persecuciones a la ecuatoriana” y eso lo mantuvo vigente hasta ganar nuevamente la presidencia de su país en 2006? ¿Acaso la victoria de García en Perú no abona de cierta manera al ímpetu sandinista en Nicaragua, a punto de volver al poder? ¿Acaso los levantamientos “a la ecuatoriana” no son uno de los factores que inspiran a López Obrador en México en sus crecientes movilizaciones y paros? ¿Acaso el Ecuador inauguró la etapa de las revoluciones “sin balas” y algunas de ellas, anárquicas?
El fenómeno ecuatoriano, irradiado al resto de nuestro continente, de una u otra manera, talvez ha hecho pensar a muchos políticos que todo es posible, a cualquier costo y sin medir las consecuencias, sin preocuparse del mañana, es decir, una especie de pastilla de la droga “éxtasis” que vulnera el cerebro de muchos individuos. Si pensamos de esta manera, nos podemos dar cuenta que las teorías del “efecto mariposa” tienen algo de verdad, pues cada una de nuestras acciones, ocasiona una reacción. Si pensamos que algo hay de razón, el Ecuador por su inestabilidad contagiosa, es un Estado terrorista, que amenaza la paz regional y mundial. La corrupción imperante en ese país y su falta de liderazgo son los responsables de la situación ecuatoriana que hace en medio de la incertidumbre, los propios bancos, empresas y ciudadanos ecuatorianos, tengan sus ahorros fuera del país y que la inversión extranjera sea nula (“no hay nada más cobarde que un millón de dólares”).
El Ecuador en la actualidad vive una etapa electoral de alta apatía, en donde a 8 de cada 10 ecuatorianos no parece importarle quien será el nuevo Presidente a partir del próximo enero. Asimismo, la brecha entre ricos y pobres (solamente superada por Brasil en Latinoamérica), la inequidad, el gran poder corrupto de la “partidocracia” y las élites de Quito y Guayaquil, la corrupción rampante de su sistema judicial y la creciente delincuencia común, pueden ocasionar en un futuro cercano, un caos generalizado en las ciudades ecuatorianas, con incalculables consecuencias. ¿Nos debe preocupar el contagio?, por supuesto que si, puesto que por lo menos las “revoluciones” tienen líderes, y el caos no lo tiene.
Desde este punto de vista, que está sujeto completamente a ser cuestionado por ser una mera opinión, un país pequeño como el Ecuador podría haber tenido un enorme efecto indirecto en la geopolítica mundial. Esperemos que alguna vez el Ecuador encuentre su camino, de la mano de un liderazgo político honesto y eficiente –hoy ausente-, que lleve a su pueblo a mejores rumbos y que lleve a esa nación a su lugar dentro del concierto internacional en un marco de prosperidad, tranquilidad, equidad y justicia digno de imitar por otros países.