
Septiembre, 2006
Por: Alex Alcívar Viteri, MBA
Llegó la campaña y por tanto, la hora de las propuestas. En cuando a los problemas del sector financiero, no se ha tocado mayormente uno que es muy grave y tiene relación con la urgente reforma a la estructura y funcionamiento de la ineficiente banca pública ecuatoriana, la que viene pasando por una profunda crisis en la que parece que tratara de pasar inadvertida dentro de situaciones urgentes de la nación. Y es que en el Ecuador talvez equívocamente se percibe que es mejor no ser visto ni hacer nada, que tratar de hacer algo y peor aún, de hacerlo bien, por que en ese momento se generan enemigos, gratuitos y no gratuitos. Me viene a la mente aquel caso de un funcionario público que me relató que era mejor para él “decir no a todo, por que así no se equivocaba”: La ineficiencia es una forma perversa de corrupción y solapa a la corrupción por si misma. Se tiene que hacer algo radical con la cabeza de este monstruo, el Banco Central del Ecuador, que consume dinero y más dinero todos los días, pero que ya ni si siquiera lo emite: El país tiene un Banco Central cuyo principal misión en la actualidad es hacer creer a los ecuatorianos que todavía es tan necesario, que sin él volveríamos a época del trueque. Hoy, el Banco Central debe ser el museo más caro del país, desempeñando muchas labores que no son propias de una entidad sin más razones para una extendida supervivencia en una economía dolarizada como la ecuatoriana y buscando desesperadamente trabajos que realizar, muchos de los cuales podrían ser realizados de manera más barata y eficiente por otros bancos, ya sean estos públicos o privados. Bien se podría realizar un proyecto que con las consideraciones debidas, optimizaría los recursos del Estado, formando una nueva Agencia de control Bancario que fusione al Banco Central y a
la Superintendencia de Bancos (otra cosa costosa e ineficiente) en un solo organismo y que traslade funciones no bancarias ni vitales como el manejo cultural a otras entidades especializadas.
En los países más desarrollados del mundo, en economías de derecha, de centro y de izquierda, existe la banca pública en forma de instituciones financieras o agencias encargadas de subsidiar sectores sensibles o claves de la economía o en su defecto, sencillamente a ayudar a los estratos más pobres de la sociedad, en campos como educación, salud, vivienda, agricultura, investigación, desarrollo de negocios y otros. No se trata de desaparecer la banca pública por que “no funciona”, sino hay que entrar en un importante proceso de reforma “a la ecuatoriana”, sin fórmulas importadas que podrían resultar contraproducentes.
La Banca pública debe cumplir un rol regulatorio moderno y propio de una economía de mercado, al entrar en competencia con el sector financiero privado y eso ya ha dado resultados en nuestro país, por ejemplo: No pasó un mes en el 2004 desde que en el BNF anunció la bajada de la tasa de interés activa al 8% cuando la banca privada comenzó un proceso similar; a eso me refiero con competir, a competir de verdad, con productos y servicios de banca personal, banca de empresas, sin perder el horizonte de banca de desarrollo: ¿Acaso un banco público tiene la “obligación” de ser ineficiente? ¿Acaso el no tener fines de lucro significa tener “ánimos de pérdida”? La banca pública debe ser al menos auto sostenible y por que no, generar excedentes (Utilidades). Hay buenos ejemplos en el continente como BANRURAL en Guatemala y el Banco Nacional de Costa Rica.
El futuro Presidente tendrá que dar el apoyo político necesario para que haya reformas profundas en la banca pública. También debe buscar especialistas y técnicos sin compromisos con la banca privada para desempeñar los cargos ejecutivos del área financiera pública incluyendo al propio Ministerio de Economía y
la Superintendencia de Bancos y que por supuesto, que estos trabajen para el Estado: No a los mismos de siempre, los que rotan y trotan en el mismo terreno. Debe introducir profundas reformas al Banco de Fomento y transformarlo en un modelo de institución realmente autónomo, en un proceso similar al del SRI, retomando los procesos de reforma actualmente olvidados, pues por su enorme estructura, su arraigo social y su gran presencia rural, el BNF (transformado, modernizado y limpiado), es el llamado a liderar esta reforma. El Estado debe meter mano dura en
la CFN, entidad que ahora vive en los papeles y solamente de glorias pasadas, con administraciones que van y vienen cada 6 meses por conveniencias políticas. Se debe realizar un auténtico análisis de las cifras y las cuentas de
la CFN, entidad que tiene la cartera vencida y castigada más alta del sector financiero público (36%) y que está convertida en una agencia de arriendo y bienes baratos para políticos poderosos.
El Banco del Estado, Banco de
la Vivienda y el IECE, talvez deberían pasar a convertirse en Agencias estatales autónomas, pues incluso en la actualidad ya ni siquiera hacen labores de banca como tal, pues estas las realizan otras entidades.
La decisión la tiene el nuevo Presidente de
la República, al que seguramente sus asesores le pondrán delante supuestas “barreras constitucionales” al reto reformatorio del sector financiero estatal, así como deberá enfrentar veladas y taimadas resistencias de un pulpo politiquero, tronchista y burocrático cuya cabeza está en la ciudad de Quito, pero con tentáculos en todo el país y que vive de la corrupción del statu quo, a costillas del Estado. La nueva “cabeza del Estado” deberá poner primero al Estado actual – imperfecto, maniatado y corrupto – de cabeza…