Reflexiones sobre el Microcrédito en el Ecuador

Reflexiones sobre el Microcrédito en el Ecuador Por: Alex Alcívar Viteri, MBA 

Mucho se ha comentado sobre el Microcrédito en el Ecuador en los últimos meses, especialmente a raíz del Proyecto para la rehabilitación de la producción nacional presentado por el PSC en el Congreso y cuyo principal mérito es poner este tema a discusión. Dicho proyecto, entre otras medidas de carácter restrictivo, aparte de poner un límite al precio máximo del dinero en las operaciones de crédito (es decir, la tasa de interés), también cierra la posibilidad a la banca, de realizar los famosos cobros por comisiones y otros cargos efectuados a manera de costos administrativos, tasas por servicios, entre otros, que al ser un egreso del bolsillo del cliente y prestamista, aumentan el costo total de la transacción y por ende, aumentan la tasa de interés neta que cobra la institución financiera prestataria y dueña del dinero. En el Microcrédito “a la ecuatoriana”, debido a la sumatoria de la tasa de interés activa (por lo general, la máxima convencional), más las comisiones por servicios, más costos administrativos, más costos de cursos de capacitación, más costos por gestiones de cobro, más costos de inspecciones, más el costo financiero que representan los saldos mínimos obligatorios previos a la concesión de un crédito (por lo general, 90 días), más el cobro de cuotas adelantadas y más o menos rubros; la tasa de interés neta, entendida como el pago neto sobre la cantidad de dinero neta recibida por el cliente, llega a cifras que superan el 50% y en algunos casos, hasta el 90% anual. Las altas de interés cobradas en la actualidad, a vista y paciencia de
la Superintendencia de Bancos, se convierten en un incentivo perverso por el cual, todos quieren entrar en el “microcrédito”, que en muchos casos se malinterpreta como un crédito de consumo camuflado (crédito para todo uso) y en otros, sencillamente es un abuso a quienes lo necesitan para producir o vender, con costos que encarecen los bienes y servicios en la economía.
 

Entendemos que el Microcrédito es una herramienta inteligente y creativa que ha permitido a acceder a millones de individuos a servicios financieros en economías donde los “pequeños clientes” eran rechazados por los sistemas financieros tradicionales que exigían garantías, hipotecas y montos de crédito mínimos que muchas veces superaban las cantidades requeridas, como ocurre en la banca privada y estatal. El Microcrédito y las Microfinanzas nacieron como un mecanismo de autoayuda y negocio social (con rentabilidad) que ha permitido en muchos sitios, superar niveles de pobreza extrema y tender a la igualdad de género al darle más oportunidad a la mujer (Su caso más exitoso nació en Bangladesh con Muhammad Yunus y el Grammen Bank). Definitivamente el Microcrédito y las Microfinanzas son un mecanismo válido para dar oportunidades crecientes a los marginados de la sociedad y que se conviertan en personas más productivas, con niveles de vida con un mínimo de decoro. El Microcrédito posee características que lo hacen un “animal muy diferente” al crédito tradicional, pues requiere de otra metodología en la que el cliente ni siquiera puede ir al banco (por que pierde días de trabajo y dinero) y por tanto el Banco visita al cliente en su negocio. Asimismo, este créditos requiere de diferentes metodologías y tecnologías, además de personal entrenado para entender la psicología de clientes que deben estar dispuestos –en muchos casos- a garantizarse unos a otros y a pagar entre todos las cuotas atrasadas de cualquiera de ellos más multas por parte de quienes conforman un grupo de autoayuda o “solidario”. Quien se dedica al Microcrédito, sabe que es preferible prestar dinero a las mujeres para que tengan o manejen negocios, pues por lo general ellas resguardan mejor la seguridad familiar que el hombre. En muchas ocasiones, los pagos de los clientes deben ser recolectados en su sitio de trabajo o vivienda y en ciertos casos no se puede dejar pasar el peligroso “San Viernes”, que es enemigo de los acreedores. Todo lo anterior y más, hacen necesarias herramientas innovadoras y un esfuerzo enorme que necesita de ingentes recursos que dan como resultado un crédito caro con un alto volumen de operaciones de pequeña escala, con costos superiores a los costos de la banca tradicional. 

Pese a lo anterior, tampoco debe confundirse el Microcrédito con el negocio de exprimir a los pobres con altísimas costos, justificándolo en el hecho de que la alternativa sería acudir a los Usureros o “Chulqueros” en donde la tasa de interés pudiera llegar a 500% neto anual en créditos pequeños. No se puede justificar el combate a un mal con un mal menor por que el fin no justifica los medios y creemos que el margen de utilidades reales de algunas entidades es exagerado. Es deber de las instituciones financieras de todo tipo (bancos, cooperativas, financieras, cajas rurales, bancos comunales, ONG’s, etc.) el buscar mecanismos tecnológicos y procedimientos que les permitan reducir paulatinamente sus costos totales y para eso se necesitan incentivos, ya sean legales, impositivos y por supuesto, debe promoverse la competencia. Así, un camino al Microcrédito más barato, es una profunda reforma a la banca pública, pues es allí en donde deben introducirse cambios que transformen (de verdad) lo existente en una o varias entidades que con asesoría internacional –reduciendo la participación estatal y la injerencia política- puedan atender de mejor manera a los pequeños productores y comerciantes que son clientes actuales o potenciales de operaciones de Microcrédito. Estamos a tiempo y esperamos respuestas de quienes dirigir los destinos de los ecuatorianos en los próximos años.

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