¿Qué hacer para tener una Agricultura competitiva?
En este tema, pese a que los problemas son nacionales, me voy a centrar en Manabí y nos comenzaremos preguntando, algo que podría ser tomando como un sacrilegio: ¿Somos una provincia agrícola? Y la respuesta –a mi juicio- será ambigua, pues tenemos una Agricultura de subsistencia que nos sirve para llevar verduras a la mesa y vender algo en el mercado, pero No somos competitivos en el negocio de la agricultura puesto que, esta noble ocupación –en términos generales- no produce riqueza para Manabí por diversas razones.
Si nos remitimos a las tradicionales trabas del sector agropecuario, estas serán fácilmente definidas como la “Comercialización” y el “Financiamiento”, pero ese es un enfoque demasiado simplista e insuficiente para buscar soluciones a un problema que es estructural y sistemático.
En primer lugar, no nos hemos puesto de acuerdo siquiera en saber ¿para que somos buenos?, es decir, cuales son nuestras fortalezas comparativas, ya sea en suelo, clima, mano de obra, infraestructura, etc. Para contestar la anterior pregunta, es necesario CONCERTAR entre todos los componentes del sector. En mi opinión, las tierras bajas del Valle de Portoviejo y ahora, las del Proyecto Carrizal – Chone, son aptas para desarrollar proyectos de hortalizas -orgánicas o no- de exportación, principalmente y otros muchos proyectos rentables. Basta ya a esas “ruletas rusas” de la producción que significa sembrar maíz en loma en invierno o sembrar tomate en medio invierno para ver si “la pego”. De paso, hemos ido permitiendo –particularmente en Portoviejo- que la ciudad se vaya tomando nuestras mejores tierras de cultivo y con canales de riego incluidos, llegando a altísimos precios de terrenos que vuelven a la tierra un negocio de bienes raíces.
Sin embargo y con todo respeto, entramos en otros enormes problemas, pues a pesar de que Manabí tiene cinco (5) Universidades que ofrecen carreras relacionadas a la agricultura, no prepara técnicos competitivos en administración de agronegocios, técnicos de producción o técnicos en cosecha y post – cosecha, marcando un primer divorcio entre “lo que es y lo que debería ser”, entre lo que sale de las Universidades y lo que necesita el mercado profesional. Adicionalmente y pasando a lo complejo del problema, Manabí no prepara técnicos en refrigeración de alimentos o técnicos en logística portuaria y aeroportuaria. Tampoco prepara técnicos en negociación internacional que puedan comunicarse en inglés, el lenguaje de los negocios y que se comuniquen –por ejemplo- con las cadenas de supermercados de Estados Unidos, Europa o China.
Si a esto le sumamos la ausencia casi sepulcral de la investigación con un INIAP más muerto que vivo y una nula extensión agropecuaria (que nunca ha existido en el Ecuador), tendremos lo que percibimos en la actualidad: No pasa nada en
la Agricultura y sus devotos integrantes se pauperizan cada vez más, en un círculo vicioso del que en un momento dado, puede que no haya retorno. No existe pues, una adecuada generación y transferencia de conocimientos en la agricultura ni en sus componentes de investigación, desarrollo, transferencia, capacitación técnica y gerencial: ¿y así nos llamamos “agrícolas”?
Si bien
la ULEAM, ESPAM, UNESUM, la extensión de la PUCE, son Universidades legalmente consolidadas y
la UTM es la decana de la educación agrícola y pecuaria en Manabí, con todo respeto tengo que decirles que las mejores Universidades del mundo NO SON AQUELLAS QUE TIENEN LOS MEJORES EDIFICIOS (algo en que las nuestras destacan), sino que su prestigio descansa en su Facultad de Profesores e Investigadores, muchos de ellos con más inversión en su preparación que cualquier infraestructura. Si queremos el progreso de Manabí, estos centros Universitarios deben complementarse, planificar conjuntamente y no “competir” dentro de un bajo nivel. Las Universidades deben reflejar el más alto nivel profesional y académico y no deben ser el refugio de algunos profesionales que quieren trabajar “aunque sea de profesor” ni el de políticos acostumbrados a las “obritas de cemento”.
A pesar de todos los problemas, creo que no es tarde, puesto que hay enormes condiciones para convertirnos en una economía exportadora de hortalizas frescas y congeladas (en unas 30 mil hectáreas en los valles de Portoviejo, Carrizal – Chone, Jama y Sancán) y desarrollar un buen potencial que existe en la piscicultura (tilapia) y productos apícolas (miel, polen, propóleo) y otros agronegocios. Así como el escultor necesita una piedra para realizar sus obras, no podemos exigir financiamiento hasta que no tengamos una base de conocimientos, pues los mecanismos irresponsables y politizados de la banca estatal –que debe ser transformada- son cada vez más escasos.
Solamente a través del conocimiento asociado al empresarialismo agrícola, vamos a tener mejores vías de acceso al crédito. Solamente una masa crítica de buenos técnicos, con buenos proyectos, con buenos mercados potenciales y con un apoyo regional al sector agropecuario, serán los incentivos que llevarán al centralismo bancario público y privado a interesarse y seguramente será un atractivo para la inversión, pues nadie quiere invertir plata para perderla.
La apertura de iniciativas como la concesión del puerto de Manta y luego también la del aeropuerto Eloy Alfaro, generarán seguramente oportunidades logísticas y de abaratamiento de costos y por ende, mayores y mejores accesos al mercado internacional que requiere de productos que potencialmente podemos exportar. Las carreteras y caminos de acceso en buenas condiciones, así como un adecuado y ágil marco regulatorio y normas agrícolas locales –adaptadas a nuestro medio y al mercado internacional-, son también prioritarios para desarrollar nuestro potencial. Hay que ordenar a un sector agropecuario desordenado, en el cual aplican productos altamente tóxicos casi el día de la cosecha, causando efectos nocivos en la población.
Es fundamental que organismos de desarrollo como el Consejo Provincial de Manabí, reclame de una buena vez las competencias del Ministerio de Agricultura (otro muerto viviente), del INIAP y forme un Consejo interinstitucional y Multisectorial para
la Competitividad de
la Agricultura, con la participación de los diferentes gremios sectoriales, Universidades, Colegios Profesionales relacionados, y que todos nos pongamos, no a generar bonitos documentos solamente, sino a TRABAJAR y PONER EN EJECUCIÓN LAS AGENDAS para ser competitivos, esa sería una nueva y buena REVOLUCIÓN.